¿Formar en tiempos de crisis?

La palabra crisis es un término que alerta, asusta y nos pone en guardia, especialmente en el mundo empresarial.

Inmediatamente se aplican las decisiones más a la mano: recorte de plantilla, revisión y paralización de cualquier estrategia expansiva,  reducción de aquellos gastos no imprescindibles, entre los cuáles, casi siempre están los montos orientados a la formación.

Está claro que la primera reacción, tiende a no poner en riesgo el negocio y a hacerlo viable a la espera de vientos mejores.

Este modelo de pensamiento, es habitual y estoy seguro que cualquier asesor, consultor o responsable financiero lo suscribiría.

Sin embargo, quisiera proponer una visión alternativa, especialmente en lo referente a la formación, como herramienta crítica y fundamental para la supervivencia de una empresa.

Si el anterior es el pensamiento al uso, veamos qué podría suceder si cambiáramos el razonamiento.

Iniciaría por empezar a “creernos de verdad”, aquello de que toda “crisis” es una oportunidad, más allá de lo que significa o no en Chino (Peligro + Oportunidad).

Una oportunidad es un espacio que se nos abre para ser aprovechado, para convertirlo en ventajoso para nosotros y ello implica, no solo contemplarlo como tal, sino el tomar decisiones y desarrollar acciones.

En un contexto de incertidumbre empresarial, la mayor parte de las empresas prefieren ver el lado oscuro del riesgo y no el horizonte de la oportunidad. Ahí es donde comienza de verdad nuestro reto.

¿Qué hacer en estas circunstancias?. En primer lugar, explorar con visión innovadora hacia dónde puedo moverme mientras los demás están parados. En segundo lugar, que cosas necesito hacer diferentes para moverme de manera eficiente, consciente de que en toda crisis hay campos de minas. En tercer lugar cómo debo prepararme para sortear con éxito estos campos de minas y dirigirme hacia ese nuevo horizonte.

Si traducimos a lenguaje empresarial la anterior metáfora, estaríamos proponiendo:

  1. Redefinir la estrategia, en función de las oportunidades identificadas
  2. Innovar, para eludir el principio de que “si hago las mismas cosas, sucederá lo mismo”
  3. Aprender, porque todo nuevo contexto, comporta, necesariamente, un nuevo aprendizaje

¡¡¡En ningún caso, detenerme!!!

Quiero hacer foco en el Aprender, que es el factor que más tiene que ver con la formación.

Esto nos lleva a reflexionar sobre ¿cuál es el aporte de la formación en nuestra estrategia empresarial y de manera más específica, en momentos de crisis?

De manera genérica, podríamos decir que la formación es responsable de la capacidad de respuesta de nuestro recurso humano a las exigencias de los objetivos empresariales e institucionales, es decir, es un driver crítico de nuestro funcionamiento como empresa.

Podemos valorarlo desde los diferentes objetivos formativos de una organización: técnicos, desarrollo de competencias, valores, liderazgo…

Entonces, si hemos asumido que vamos a aprovechar la ventana de oportunidad que se nos abre con la crisis y somos conscientes de que ello implica agudizar nuestra capacidad de visión para redefinir nuestra estrategia y ser capaces de innovar, es imprescindible poner a nuestra organización en clave de Aprendizaje, lo que lleva consigo invertir en formación.

Ahora bien, invertir en formación en tiempos de crisis, supone examinar con detalle cuáles son nuestras estrategias de formación, ya que, lo que sí parece claro, es que no es momento para botar el dinero, sino para que realmente sea una inversión que redunde en la cuenta de resultados, a corto medio y largo plazo.

Ahora sí, es el momento de afilar el lápiz y respondernos a algunas preguntas básicas pero sustanciales.

  • ¿Qué ámbitos competenciales necesito para ese nuevo horizonte que me brinda la oportunidad de la crisis?
  • ¿Cuento con los recursos internos o con los proveedores de calidad acreditados para acompañarme en este proceso?
  • ¿Cuáles son los indicadores que me van a permitir medir el retorno (ROI) de la inversión formativa?

Cuando hablamos de ámbitos competenciales, nos lleva a decidir con rigor tanto aquellos aspectos técnicos que necesitan cambio o actualización, como los cambios organizacionales o en el modelo de liderazgo que están implicados.

Al preguntarnos por los recursos, hacemos mención a la importancia de los que nos van a facilitar el proceso de cambio. No debe ser un tema simplemente de precio sino de eficiencia y eficacia. Es fundamental que nos aseguremos de que la formación impartida cumple sus objetivos, y esto solo es posible si necesidad-contenidos-formadores, van de la mano con exigencias de excelencia.

Y lo que realmente va  a representar la vara de medir de la eficacia de la formación, es su contribución a la consecución de los resultados, de ahí la importancia de establecer los indicadores.

Cundo estos indicadores están apegados a la estrategia de la empresa y realmente podemos medir su aporte directo a la cuenta de resultados, es cuando la formación se convierte en un driver insustituible, tanto en tiempos de crisis como en tiempos de bonanza.

Piense en la diferencia de resultados entre una gestión reactiva de la crisis (me quedo como estoy), y una gestión proactiva (me transformo aprovechando las oportunidades de la crisis). Esto solo es posible si me pongo a la tarea y preparo a mis equipos, a mi organización, a mí mismo, con las acciones que hemos mencionado en este artículo.

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José Luis Altolaguirre Socio Director de Top Management de Centroamérica

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